Te suena la imagen? No? Repasa mira bien...no, no es la misma, es otra persona la que mira. Te propongo algo distinto...una vez te hice continuar el hilo de una de mis historias. Pues ahora no es continuar es ver el otro lado de la moneda. La historia es una mirada al espacio. Quien hay al otro lado? Que pasa? Como se cruzan? Te amo David.
Bajo el eterno y brillante cielo estelar se bañaba el planeta Cyrano, un planeta situado en el sistema de Egea, orbitando la estrella Jasón. Y en ese planeta se alzaba la descomunal y siempre bulliciosa ciudad de Anfiema, la capital del planeta, donde habitaban más de 200 millones de personas.
Emily era estudiante de doctorando de Bioestadística de la Universidad Central de Anfiema. De todas las universidades que había en los planetas colonizados por los humanos, la de Anfiema era de las más prestigiosas, y podría garantizarle un gran futuro estar allí. Le habían concedido una beca para estar allí dos años, era una oportunidad que no podía rechazar. Había hecho un largo viaje por el universo para llegar allí. No obstante... había dejado algo allí, en Oleria, su planeta natal...
Esa noche Emily subió a la azotea de la residencia y dirigió una mirada vacía a la immensidad de la ciudad. Solía hacerlo almenos dos veces por semana. Ése era su santuario, su lugar para meditar, su lugar para reflexionar. En esos momentos aprovechaba para acordarse de su madre, Diáspora, o de su amado Delvin, quienes se habían prometido amor eterno para la próxima vez que volvieran a encontrarse, en esos dos años.
Se sacó un pequeño osito de peluche que llevaba en el bolsillo, le apretó la mano y de él emanó un pequeño haz de luz que proyectaba imágenes holográficas. El osito era un regalo de Delvin: todos los recuerdos que vivieron juntos hasta entonces: sonrisas en una terraza en el planeta Mitt con un refrescante batido de Hatchyak (una especie de huevo endulzado, riquísimo), flotando en la ingravidez de Tugurma, o de safari espacial con un alquilado Buggy en las dunas de Donoria, y diferentes escenas de abrazos, besos, miradas de complicidad, momentos de diversión, momentos de enfrentamiento jugando a algún juego de mesa... le encantaba deleitarse en esas imágenes... a pesar de que a veces le causaban tristeza por la añoranza.
Pero Emily era fuerte, debía ser fuerte porque a pesar de que hay cosas que no se sabe muy bien por qué ocurren, todo tiene un motivo de ser. Y era seguro que el caprichoso universo ha querido y querrá que Delvin y Emily puedan reencontrarse pronto.
Guardo su osito, dió media vuelta y volvió a su habitación para seguir estudiando, mientras su mente viajaba a un futuro lleno de felicidad.
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