Sunday, December 27, 2015

Tuesday, December 22, 2015

XLII

Vida de sueños
Fantasía e ilusión
Deseo, pasión.

Sunday, December 20, 2015

Misterio en las profundidades

Casco, un traje para bucear... y a descubrir todo el universo que se esconde de nosotros en las profundidades del mar. ¿Qué estará buscando esta exploradora?

Un beso mi amor.


Cuando los científicos dieron por concluida la carrera espacial, cuando ya no quedaba nada en el universo excepto vacío, los científicos empezaron a buscar nuevas metas, nuevas teorías...entonces en vez de mirar al cielo, miraron a las profundidades.

El oceano, un abismo del que se sabía muy poco, se convirtió en el centro de atención de toda la comunidad científica.

Los científicos empezaron a desarrollar trajes y tecnologías que adaptaran al cuerpo humano para permanecer durante horas o incluso días bajo el agua. 

Así fue como poco a poco se empezaron a crear comunidades científicas submarinas, conocidas como sirenias. En ellas los científicos de campo analizaban las maravillas del mundo submarino, la más interesante de ellas era la bioluminiscencia y la adaptación a temperaturas extremas.

Poco a poco las investigaciones dieron interesanres resultados sobre como se adaptan las diferentes especies a condiciones extremas, las comunidades sirenias a su vez se volvieron más reservadas y dejaron de compartir sus descubrimientos con el mundo exterior. 

Por alguna razón, los sirenios, como ya se les conocía, vivían muchísimo más y eran más inteligentes que los humanos terrestres. Poco a poco la comunidad fue creciendo y empezaron a nacer niños sirenios que jamás habían pisado tierra. 

Con el paso de los años los sirenios que nacían necesitaban cada vez menos de los soportes tecnologicos para adaptarse al medio. 

Increíbles avances y descubrimientos se hicieron en la comunidad sirenia, pero para entonces ya habían cortado cualquier relación con la comunidad terrestre. 

La raza humana habitaba ahora el basto oceano, pero seguía siendo un misterio para aquellos que no vivían en él. 

Por el momento las dos especies convívian en paz, cada uno en su medio. Pero en la tierra los recursos eran cada vez más escasos, la gente se amontonaba para comprar los trajes sirenios y aspiraban a encontrar un nuevo hogar entre la comunidad sirenia.

Jessyria, historiadora de la sirenia del mar del Coral, descansaba después de un agotador día en el sofá, en la biblioteca de su tomboctú (tomboctú era el nombre que recibían las casas submarinas construídas por los sirenios). Tras exhalar de manera sosegada, miró al techo con la mirada vacía, se podían ver pequeñas lucecitas, que no era más que los rayos del sol filtrados por el mar y las olas. Era muy relajante mirarlas.

No podía dejar de pensar en aquella reunión tan tensa que había tenido por la tarde con los miembros del consejo de seguridad sirenio y los miembros de la sociedad para la preservación de la memoria humana. Aunque los hechos de los últimos años hacían presagiar lo peor: gente desesperada en la superficie, hambrunas, envidias, un falso deseo de "recuperar lo perdido"... los terrestres se estaban preparando para una invasión. Tantos y tantos siglos de convivencia con los terrestres... ¿por qué debían romperse por una vía así? El cuerpo de los sirenios había evolucionado para adaptarse al nuevo medio, pero algo que quedó muy patente en su ADN fue el origen científico de la raza, por lo que los comportamientos violentos eran completamente inexistentes en las comunidades sirenias. Aún así, no se podía permitir una profanación así, deberían prepararse por si algún día llegase a presentarse el momento.

Jessyria por un instante se acordó de su colega historiadora Frigía. Una joven promesa de descendencia terrestre, muy talentosa y estudiosa de las comunidades sirenias. Su mayor pasión era divulgar y hacer entender al resto de terrestres qué son y como funcionan las comunidades sirenias. Ella era un magnifico puente de comunicación con los terrestres, pues Frigía hacía las veces de embajadora, intermediaria y mensajera entre los dos mundos. Hacía tiempo que no la veía, seguramente estaría ensimismada con sus libros, o dando charlas por doquier allá donde iba.

Sonó la puerta. Era Mikón, su ayudante, con una de las noticias más desafortunadas: Frigía había sido encarcelada por los suyos, acusada de traición a los terrestres. A pesar de que Frigía no era una figura oficial, el mensaje era claro: los terrestres les habían declarado la guerra. Jessyria reunió al consejo de seguridad y les expuso la noticia y las implicaciones que eso tendría de cara al futuro.

Tras una larga deliberación, la decisión fue clara: liberar a Frigía era prioridad máxima. Los sirenios no son una raza violenta, pero no permanecen de brazos cruzados ante tales afrentas a su pacífica convivencia. Los terrestres habían avanzado mucho tecnológicamente en los últimos siglos, pero así fueron en las comunidades sirenias, que además contaban con una arma muy efectiva: una perfecta sintonía y comunicación entre los miembros de las comunidades sirenias. Ésta será el arma que marcará la diferencia en la batalla que estaba a punto de tener lugar.

Jessyria miró hacia al frente y pensó: "¡Amiga Frigía, venimos a por ti!"

La guerra se declaró abiertamente cuando asesinaron a Frigía y divulgaron el video. 

La muerte de Frigía unió a toda la comunidad sirenia y, aunque los dos bandos sufrieron daños,repelió la invasión de los terrestres. 

Con el paso de los años, la raza terrestre se extingió, pues no había recursos suficientes para mantener a la población. 

Con el paso de los siglos, los sirenios pasaron a llamarse humanos, no quedaban sirenios descendientes de terrestres, ningun sirenio recordaba la superficie.

En la superfície terrestre, la naturaleza empezó a apoderarse de ciudades. Crecieron nuevas plantas, nuevas formas de vida afloraron, nuevos recursos.

Los humanos empezaron a crear dispositivos que les permitiesen respirar en la superficie y explorarla para explotar sus recursos.

Mientras tanto, una joven científica humana encontró el diario de su tatarabuela Jessyria: el origen de las sirenias. 

Horrorizada por lo que leyó, lo llevó a los científicos para implorar que detuvieran las investigaciones y la colonización de la superficie...pero nadie la escuchó.








Sunday, December 13, 2015

Haiku XLI

Música de jazz
danza en el fuego
furia de amor

PD: 40 es XL en números romanos xDD

Tuesday, December 8, 2015

Hoguera de recuerdos

Hola mi vida, siempre he oído decir a las personas que no se puede ser amigo de alguien a quien quisiste porque donde hubo fuego cenizas quedan...esta imagen me recuerda a esa frase, a ti que te parece? Cuéntame algo
Besos Annie

Una noche tranquila. Sólo el rumor del silencio, el movimiento de las hojas de los árboles  y el chispeo de las brasas de la fogata que habían encendido acompañaban a Susanne y Albin en la escapada de acampada que habían decidido tomarse. Habían sido unas semanas duras allí en la gran ciudad. Pero eso sólo hacía que resaltar el gran placer y sosiego que otorgaba estar allí.

Hacía algo de fresco. Susanne se acurrucó en el pecho de Albin, ambos sentados delante de las brasas. Era curioso... es un simple fuego... y sin embargo, estaban con la mirada vacía observando las brasas, como si pudieran ver a través del fuego y del humo. Susanne acercó el dedo al humo, dibujando formas al azar como entretenimiento.

"Hacía tiempo que no teníamos un momento así para los dos, Susanne" dijo Albin. "Sabes... verte aquí acurrucada a mi lado... sonriente mientras dibujas formas en el humo y disfrutando de ello como una niña a la que le regalan su primera muñeca... No sólo me hacen pensar en lo feliz y tremendamente libre que me siento a tu lado. Creo que a través del humo puedo ver dibujado nuestro futuro."

Susanne giró la cabeza hacia Albin, sonrío y besó a Albin tiernamente en los labios. "Soy así porque a tu lado puedo ser así. No sólo ser yo misma, sinó poder ser como yo quiera ser en todo momento sin que me juzgues." Se tomó una pequeña pausa para mirar de nuevo las brasas. "Qué relajante es ver una fogata encendida... transmite un calor muy agradable... casi diría que penetra en el corazón. Un corazón construído a base de recuerdos... Mira las brasas, porque creo que puedo ver todos esos recuerdos."

Susanne empezó a hablar suavemente "Recuerdo cuando era pequeña... y veraneaba en el pueblo. Ni una sola farola había en el pueblo. Por la noche un lago de estrellas cubría el cielo, y se reflejaban en las cristalinas aguas del lago. Bañarse allí en momentos así era como estar navegando entre constelaciones y sentirse toda una exploradora. O aquella noche cuando era adolescente... llorando en el desván porque había perdido el anillo de mi querida amiga Lorelei, cuando ella después apareció para consolarme y ayudarme a encontrarlo... O el día que la casualidad quiso encontrarte. Puedo verte en el humo, dándome la mano con una delicadeza y suavidad que me hicieron temblar de emoción." Susanne suspiró "Ahhh, ojalá tuviéramos una máquina del tiempo, para poder revivir todo aquello."

Albin abrazó a Susanne más suavemente, envolviéndola como mejor pudo con sus brazos "Si pudiéramos volver a revivir ciertos momentos tantas veces como quisiéramos... ¿No crees que acabarían perdiendo valor? Cada momento es único a su manera. Recuerdo aquél día en que te vi danzando en el desfile de Carnaval. Era como si una diosa quisiera regalar una exhibición a sus acólitos para que la adorasen."

Susanne espetó una leve carcajada "Exageradoooo!"

"Bueno vale, quizás exagero un poco." Albin también se rió. "Pero si hay algo que realmente aprecio en una persona son las ganas de vivir y de disfrutar de la vida, sin tapujos. Y poder ver todo aquello en ti... me enamoró locamente, Susanne." Albin se detuvo un momento y cerró los ojos "Susanne... Susanne... cada vez que lo pronuncio me produce un escalofrío. Qué nombre tan bonito para recordar toda la vida. Cuáaaantas cosas tenemos aún por delante, mi amor..."

Y dicho esto, ambos se fundieron en un abrazo, quedando expuestos a los encantos de Morfeo, haciendo que la noche viaje a través de ellos.

XL

Mente ocupada
Refugio de silencio
La biblioteca

Wednesday, December 2, 2015

XXXIX

Nana de fuego
Cristal de seducción
Amor puritano

XXXVIII

Cazando sueños
Algún día diremos
Lo conseguimos

Imaginación desbordada

Mi cosita linda, devoradora de libros, se te ocurre algo con esta imagen? A que es bonita? ^^

Un abrazo muy fuerte,

Rydra

Eliza nunca había oído hablar de los libros. Había nacido como todos sus compañeros en la edad postliterata. 

En la edad postliterata no había relatos, no había novelas, no había literatura. La lectura y la escritura se limitaban a efectos prácticos, no era artístico.

Eliza fue criada por sus padres en casa, como cualquier niño de su edad Eliza tenía todos los videojuegos que quería. Tres enormes pantallas recubrían casi la totalidad de las paredes de su habitación y un equipo de sonido envolvente la aislaba del mundo exterior. 

Eliza era una niña feliz con una família feliz. Cuando murió su abuelo Eliza lloró. Quería mucho a su abuelo él siempre había sido especial para ella, con todas esas historias sobre poemas, libros y palabras bonitas. 

Siempre que el abuelo hablaba sobre libros, los padres de Eliza miraban nerviosos a otro lado.

La literatura estaba prohibida desde hacía años por considerarse innecesaria, aunque los rebeldes, aquellos que aun a riesgo de ser encarcelados seguían leyendo, decían que era porque la literatura era incendiaria y es más facil gobernar ovejas que pensadores.

El día que murió su abuelo Eliza recibió un sobre. Dentro una pequeña llave dorada con unas alas gravadas. En el sobre también había una nota firmada por au abuelo: los libros son alas de papel, vuela Eliza. 

Eliza examinó la pequeña llave, en casa había una puerta que jamás se había abierto. No desde que sus padres se mudaron. La casa había sido siempre propiedad de la família.

Esa noche Eliza esperó a que sus padres durmiesen y bajó a la puerta. No tenía nada de especial, era una puerta más. Simplemente jamás se había abierto desde que ella tenía memoria. 

Con una mano temblorosa alcanzó el picaporte, cerrada. Por alguna razón debía comprobarlo, jamás se había acercado a aquella puerta antes, sus padres siempre la mantuvieron lejos y nunca dejaron que alcanzase el picaporte. 

Suspiró, buscó la pequeña llave dorada en el bolsillo de su pijama. Metió la llave en la cerradura. Encajaba. La giró. La cerradura hizo clac y la puerta se abrió.

Eliza enfocó la pequeña linterna que llevaba al interior de la habitación, jamás había visto algo así...estanterias repletas de libros hasta el techo...por un momento pensó en echarse a correr y llamar a la polícia pero por el otro...vuela Eliza...

Alcanzó una de las estanterías y vió un pequeño libro rojo: Platero y Yo. 

Empezó a leer,

Platero es pequeño, menudo, suave, tan blando por fuera que se diría que es todo de algodón que no tiene huesos...

Al cabo de dos horas Eliza seguía leyendo en el mismo sitio y cuando por fin acabó se descubrió a si misma llorando por la muerte de Platero.

Seré estúpida...llorar por algo que ni siquiera existe, se dijo. Pero Platero había sido real mientras lo había leído...cómo era posible.

Durante toda la noche Eliza leyó y leyó, fue capitana junto Ahab y persiguió a la ballena blanca; fue perseguida por el lobo feroz en la historia de Perrault; viajó al centro de la tierra con Verne; descubrió mundos más allá del Sol. Vivió mil y una noches con Sherezade. 

Eliza contempló todos los mundos que se abrían a su alrededor, todas las vidas que podía vivir, todo lo que podía aprender. 

Sobresaltada miró el reloj. Faltaba media hora para que sonase su despertador y empezar un día más. 

Eliza salió de la biblioteca a toda prisa, cerró con llave y se la colgó en una cadena al cuello. Volvió a su habitación justo a tiempo para meterse en la cama y parar el despertador.

Empezaba un día como cualquier otro, pero ella ya no era como los demás.

Ahora tenía alas.