Estos buscadores de setas parece que están recolectando en una cueva misteriosa. ¿Qué venturas o desventuras les aguardarán?
Un besito mi vida.
En la condado Ty la ciudad de Tayrel es la más importante, es la única ciudad que tiene los conocimientos necesarios para adentrarse en las cavernas y recolectar la tan apreciada Ariak una seta que solo crece en las profundidades de la caverna y que los nobles de todo el condado consumen por sus propiedades geriátricas. Ariak también es conocida como la seta de la juventud.
Los habitantes de Tayrel son conocidos como recolectores y empiezan a familiarizarse con la vida de las cavernas a muy temprana edad. A los seis años todos los pequeños de Tayrel ya saben como moverse por las cavernas, apenas sin luz, se orientan por el rumor del agua y las corrientes de la caverna. Por el olfato encuentran la preciada seta y el camino de vuelta por la poca luz que entra en la caverna desde el exterior. Aun así siempre van acompañados de sus padres hasta el día de Ariadna.
El dia de Ariadna todos los niños, que han cumplido seis años, son dejados solos en la caverna mayor. Uno a uno. Entran recolectan el Ariak y algunos logran salir. Muchos niños se quedan perdidos en la caverna y no logran encontrar la salida, los que tienen suerte mueren, los que no se transforman en criaturas asalvajadas que azechan y cazan a los que entran a las cavernas, Taumios, los llaman.
Aquel día se Ariadna le tocó el turno a Miey entrar a la caverna mayor, decidida como era miró de frente a la caverna con sus grandes ojos verdes. Sus pupilas felinas, como las de todos los habitantes de Tayrel se dilataron para adaptarse en la oscuridad. Mientras su madre rogaba a los dioses que devolvieran a su hija del interior de la caverna, su padre la observaba estoico y Miey, sin volver la vista atrás, entró a la caverna.
Para Miey no había diferencia entre el exterior y el interior de una caverna, se movía con la misma facilidad. Guiándose por su olfato encontró una Ariak, la cortó con su navaja de plata tal y como había hecho millones de veces y se dispuso a salir.
Ya llevaba medio camino de vuelta cuando se dió cuenta que algo la seguía, hacía un rato que oía un débil eco en sus pasos con otros que no eran suyos. Aceleró el paso, los pasos aceleraron. Aminoró la marcha, los pasos aminoraron. Definitivamente, algo la seguía.
Los adultos siempre llevaban un Haz, un pequeño dispositivo que emitía un potente rayo de luz, por si se perdían o en el peor de los casos, se encontraban con un Taumio. Pues al vivir en las sombras a los Taumios les molestaba muchísimo la luz y lograba espantarlos y devolverlos a las profundidades de las cavernas.
A los niños en cambio no se les estaba permitido llevar un Haz, puesto que las setas son altamente sensibles a la luz y pueden dañarse y además se considera que antes de portar un Haz el niño tiene que ser capaz de moverse a oscuras y orientarse sin luz, el Haz únicamente era utilizado para emergencias.
Miey había conseguido deslizar un Haz en el doblefondo que había hecho en su capazo, fue idea de su madre. Insistió en que lo llevase por si se encontraba en la peor de las situaciones.
Se detuvo, detrás suyo unos pasos se acercaban, pasos arrastrados, pesados. Miey no se movió, pensó que quizás pasaría de largo. Pero se acercaba. Un fuerte olor a Ariak llegó a su olfato. No podía ser otra cosa. Era un Taumio.
Los Taumios se alimentaban en las cavernas de Ariak y conseguían así vivir muchos años antes de morir envenenados por la propia seta, puesto que en grandes cantidades y sin consumir el antídoto el Ariak causa una lenta degeneración del cuerpo que conduce a la muerte.
La respiración pesada del Taumio se acercaba y Miey deslizó su mano al doblefondo de su cesta. Sabía que no estaba lejos de la salida, quizás a 20 metros. Pero no podía dejar que el Taumio viese la salida si el Taumio salía de la caverna pondría en peligro a toda la ciudad, así que cogió otro sendero y se adentró más en la caverna mientras el Taumio la seguía, cada vez más cerca.
Ya habían llegado a lo que Miey consideraba el centro de la caverna. Se detuvo y dejó que el Taumio se le acercara. Cuando estuvo justo detrás de ella Miey sacó el Haz y apuntó a los ojos del Taumio que chilló de dolor. Miey aprovechó los instantes de ceguera del Taumio para correr a la salida. El Taumio empezó a perseguirla pero Miey era rápida.
Miey encontró un callejón sin salida perpendicular al camino, un pequeño recoveco, se metió en él silenciosa como un gato. Mientras el Taumio doblaba una esquina detrás de ella, para alcanzar el camino. A ciegas, el Taumio no vió el escondite de Miey.
El Taumio pasó por delante de ella y Miey pudo ver la piel pálida, los dientes afilados y los ojos azules vidriosos y ciegos que la buscaban. Cuando el Taumio había pasado de largo del callejón, Miey lanzó una piedra en la dirección opuesta. El Taumio avivado por el sonido se echó a la carrera hacia las profundidades de la caverna. Cuando los pasos del Taumio hubieron desaparecido, Miey salió del callejón y corrió hacia la salida.
Una vez fuera los decidores esperaban. Los decidores eran los encargados de determinar si el niño era apto para ser un recolector o no. Juzgaban el Ariak que se había recolectado y el tiempo que había tardado.
Cuando Miey salió los decidores lo tenían muy claro. Miey había usado un Haz, instrumento reservado para los adultos ya experimentados y se había adentrado a las profundidades de la caverna estando a pocos metros de la salida.
En condiciones normales eso descalificaría a cualquiera para ser recolector, no obstante Miey había, no sólo enfrentado, sinó enviado un Taumio a las profundidades de las cavernas gracias a sus habilidades y había recolectado el Ariak más grande en el dia de Ariadna.
Los decidores no tenían nada que pensar, Miey era una recolectora.