Un beso mi amor.
Cuando los científicos dieron por concluida la carrera espacial, cuando ya no quedaba nada en el universo excepto vacío, los científicos empezaron a buscar nuevas metas, nuevas teorías...entonces en vez de mirar al cielo, miraron a las profundidades.
El oceano, un abismo del que se sabía muy poco, se convirtió en el centro de atención de toda la comunidad científica.
Los científicos empezaron a desarrollar trajes y tecnologías que adaptaran al cuerpo humano para permanecer durante horas o incluso días bajo el agua.
Así fue como poco a poco se empezaron a crear comunidades científicas submarinas, conocidas como sirenias. En ellas los científicos de campo analizaban las maravillas del mundo submarino, la más interesante de ellas era la bioluminiscencia y la adaptación a temperaturas extremas.
Poco a poco las investigaciones dieron interesanres resultados sobre como se adaptan las diferentes especies a condiciones extremas, las comunidades sirenias a su vez se volvieron más reservadas y dejaron de compartir sus descubrimientos con el mundo exterior.
Por alguna razón, los sirenios, como ya se les conocía, vivían muchísimo más y eran más inteligentes que los humanos terrestres. Poco a poco la comunidad fue creciendo y empezaron a nacer niños sirenios que jamás habían pisado tierra.
Con el paso de los años los sirenios que nacían necesitaban cada vez menos de los soportes tecnologicos para adaptarse al medio.
Increíbles avances y descubrimientos se hicieron en la comunidad sirenia, pero para entonces ya habían cortado cualquier relación con la comunidad terrestre.
La raza humana habitaba ahora el basto oceano, pero seguía siendo un misterio para aquellos que no vivían en él.
Por el momento las dos especies convívian en paz, cada uno en su medio. Pero en la tierra los recursos eran cada vez más escasos, la gente se amontonaba para comprar los trajes sirenios y aspiraban a encontrar un nuevo hogar entre la comunidad sirenia.
Jessyria, historiadora de la sirenia del mar del Coral, descansaba después de un agotador día en el sofá, en la biblioteca de su tomboctú (tomboctú era el nombre que recibían las casas submarinas construídas por los sirenios). Tras exhalar de manera sosegada, miró al techo con la mirada vacía, se podían ver pequeñas lucecitas, que no era más que los rayos del sol filtrados por el mar y las olas. Era muy relajante mirarlas.
No podía dejar de pensar en aquella reunión tan tensa que había tenido por la tarde con los miembros del consejo de seguridad sirenio y los miembros de la sociedad para la preservación de la memoria humana. Aunque los hechos de los últimos años hacían presagiar lo peor: gente desesperada en la superficie, hambrunas, envidias, un falso deseo de "recuperar lo perdido"... los terrestres se estaban preparando para una invasión. Tantos y tantos siglos de convivencia con los terrestres... ¿por qué debían romperse por una vía así? El cuerpo de los sirenios había evolucionado para adaptarse al nuevo medio, pero algo que quedó muy patente en su ADN fue el origen científico de la raza, por lo que los comportamientos violentos eran completamente inexistentes en las comunidades sirenias. Aún así, no se podía permitir una profanación así, deberían prepararse por si algún día llegase a presentarse el momento.
Jessyria por un instante se acordó de su colega historiadora Frigía. Una joven promesa de descendencia terrestre, muy talentosa y estudiosa de las comunidades sirenias. Su mayor pasión era divulgar y hacer entender al resto de terrestres qué son y como funcionan las comunidades sirenias. Ella era un magnifico puente de comunicación con los terrestres, pues Frigía hacía las veces de embajadora, intermediaria y mensajera entre los dos mundos. Hacía tiempo que no la veía, seguramente estaría ensimismada con sus libros, o dando charlas por doquier allá donde iba.
Sonó la puerta. Era Mikón, su ayudante, con una de las noticias más desafortunadas: Frigía había sido encarcelada por los suyos, acusada de traición a los terrestres. A pesar de que Frigía no era una figura oficial, el mensaje era claro: los terrestres les habían declarado la guerra. Jessyria reunió al consejo de seguridad y les expuso la noticia y las implicaciones que eso tendría de cara al futuro.
Tras una larga deliberación, la decisión fue clara: liberar a Frigía era prioridad máxima. Los sirenios no son una raza violenta, pero no permanecen de brazos cruzados ante tales afrentas a su pacífica convivencia. Los terrestres habían avanzado mucho tecnológicamente en los últimos siglos, pero así fueron en las comunidades sirenias, que además contaban con una arma muy efectiva: una perfecta sintonía y comunicación entre los miembros de las comunidades sirenias. Ésta será el arma que marcará la diferencia en la batalla que estaba a punto de tener lugar.
Jessyria miró hacia al frente y pensó: "¡Amiga Frigía, venimos a por ti!"
La guerra se declaró abiertamente cuando asesinaron a Frigía y divulgaron el video.
Jessyria, historiadora de la sirenia del mar del Coral, descansaba después de un agotador día en el sofá, en la biblioteca de su tomboctú (tomboctú era el nombre que recibían las casas submarinas construídas por los sirenios). Tras exhalar de manera sosegada, miró al techo con la mirada vacía, se podían ver pequeñas lucecitas, que no era más que los rayos del sol filtrados por el mar y las olas. Era muy relajante mirarlas.
No podía dejar de pensar en aquella reunión tan tensa que había tenido por la tarde con los miembros del consejo de seguridad sirenio y los miembros de la sociedad para la preservación de la memoria humana. Aunque los hechos de los últimos años hacían presagiar lo peor: gente desesperada en la superficie, hambrunas, envidias, un falso deseo de "recuperar lo perdido"... los terrestres se estaban preparando para una invasión. Tantos y tantos siglos de convivencia con los terrestres... ¿por qué debían romperse por una vía así? El cuerpo de los sirenios había evolucionado para adaptarse al nuevo medio, pero algo que quedó muy patente en su ADN fue el origen científico de la raza, por lo que los comportamientos violentos eran completamente inexistentes en las comunidades sirenias. Aún así, no se podía permitir una profanación así, deberían prepararse por si algún día llegase a presentarse el momento.
Jessyria por un instante se acordó de su colega historiadora Frigía. Una joven promesa de descendencia terrestre, muy talentosa y estudiosa de las comunidades sirenias. Su mayor pasión era divulgar y hacer entender al resto de terrestres qué son y como funcionan las comunidades sirenias. Ella era un magnifico puente de comunicación con los terrestres, pues Frigía hacía las veces de embajadora, intermediaria y mensajera entre los dos mundos. Hacía tiempo que no la veía, seguramente estaría ensimismada con sus libros, o dando charlas por doquier allá donde iba.
Sonó la puerta. Era Mikón, su ayudante, con una de las noticias más desafortunadas: Frigía había sido encarcelada por los suyos, acusada de traición a los terrestres. A pesar de que Frigía no era una figura oficial, el mensaje era claro: los terrestres les habían declarado la guerra. Jessyria reunió al consejo de seguridad y les expuso la noticia y las implicaciones que eso tendría de cara al futuro.
Tras una larga deliberación, la decisión fue clara: liberar a Frigía era prioridad máxima. Los sirenios no son una raza violenta, pero no permanecen de brazos cruzados ante tales afrentas a su pacífica convivencia. Los terrestres habían avanzado mucho tecnológicamente en los últimos siglos, pero así fueron en las comunidades sirenias, que además contaban con una arma muy efectiva: una perfecta sintonía y comunicación entre los miembros de las comunidades sirenias. Ésta será el arma que marcará la diferencia en la batalla que estaba a punto de tener lugar.
Jessyria miró hacia al frente y pensó: "¡Amiga Frigía, venimos a por ti!"
La guerra se declaró abiertamente cuando asesinaron a Frigía y divulgaron el video.
La muerte de Frigía unió a toda la comunidad sirenia y, aunque los dos bandos sufrieron daños,repelió la invasión de los terrestres.
Con el paso de los años, la raza terrestre se extingió, pues no había recursos suficientes para mantener a la población.
Con el paso de los siglos, los sirenios pasaron a llamarse humanos, no quedaban sirenios descendientes de terrestres, ningun sirenio recordaba la superficie.
En la superfície terrestre, la naturaleza empezó a apoderarse de ciudades. Crecieron nuevas plantas, nuevas formas de vida afloraron, nuevos recursos.
Los humanos empezaron a crear dispositivos que les permitiesen respirar en la superficie y explorarla para explotar sus recursos.
Mientras tanto, una joven científica humana encontró el diario de su tatarabuela Jessyria: el origen de las sirenias.
Horrorizada por lo que leyó, lo llevó a los científicos para implorar que detuvieran las investigaciones y la colonización de la superficie...pero nadie la escuchó.
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