Mmmm no hay foto! Y porque? Porque quiero ponértelo algo más difícil...quiero que intentes retomar una de mis historias, escribir una continuación y luego si quieres le añades una imágen.
Besos Annie :*
Retomo la historia de http://fantasyandheaven.blogspot.com.es/2015/07/el-templo-magico.html
Grandes leyendas y folklore se arremolinaron ante el gran templo de la esfera. Según cuenta la leyenda, la esfera perdió todo su poder para convertirse en una simple piedra brillante, como símbolo de que los humanos han de desear comportarse de manera fraternal con los demás y a estar en paz consigo mismos.
Semanalmente, alrededor del templo se concentraban mercaderes en busca de su suerte, ofreciendo a aquellos que se paseaban alrededor de sus estrechos y colmados pasillos productos, reliquias y rarezas de alrededor del mundo. El ser humano aprendió a vivir en comunión con la naturaleza y con su especie hace ya 500 años. Las personas se movían libremente por todas partes, sin miedo como antaño, acompañados eternamente de una sed por aprender y compartir sus hallazgos en los mercados.
Como cada viernes por la mañana, Irene y David salieron a dar un paseo por el Mercado de los Mitos, nombre dado por los juglares y mercaderes que acudían, libros andantes que allá donde se movían llenaban las mentes de sus oyentes con imágenes de extraordinarios paisajes y criaturas emblemáticas.
A Irene le encantaban en especial los puestecillos de Liu Xin, Ryoto Murakami y Hassan Al-Hakar, avezados mercaderes procedentes de China, Japón y Arabia respectivamente. Los tres ancianos se pasaban literalmente todo el día debatiendo sobre historia, matemáticas, política, educación... y por supuesto se explicaban mútuamente sus experiencias en distintas partes del mundo sentados con una taza de té. Incluso en la mesa siempre había servidas sillas, platos y tazas de más para animar a quién lo deseara unirse a ellos.
Liu decía siempre que él no vendía productos, sinó aromas: aceites de flores procedentes de selvas australianas, tés tradicionales chinos y polvos de jazmín eran los preferidos de Irene: frescos, relajantes, sientes como toda una corriente de olor penetra en tu nariz. Irene también le encantaba la explosión de colores y formas que formaban los Pai-Pais de Ryoto. A David le gustaba más el olor a desierto que se desprendía de las vasijas de oro del puestecillo de Hassan... aunque tuvieran gustos diferentes, Irene y David estaban de acuerdo en una cosa: las tres tiendas juntas eran un compendio mágico de donde nunca podías salir igual.
Irene y David no se lo pensaron ni dos veces para abalanzarse sobre los sillones (raramente, cabe decir) vacíos de la mesa de los tres mercaderes. "¡Irene, muchacha hermosa, te estábamos esperando!" exclamó Hassan con una gran y abierta sonrisa. "Hoy tenemos té de plantas tropicales y galletas de gengibre. Les estaba contando a estos dos carcamales cómo obtuve estas valiosas plantas." dijo haciendo una mueca graciosa a los otros dos mercaderes. Éstos replicaron poniendo ojos de sarcasmo mientras reían. "No te lo vas a creer... pero me las regaló un enorme gigante. Un tipo algo bruto, pero con un corazón que no le cabía en su enorme cuerpo."
"¿En serio? ¿Dónde?" dijo Irene, medio-embriagada por los aromas y colores de las tres tiendas "Cómo me encantaría algún día poder conocer algunas de las criaturas de las que nos habláis...".
"Pequeña rana, no te creas la mitad de lo que cuenta este viejo gruñón!" dijo Ryoto mientras soltaba una sonora carcajada junto a Liu. David en silencio les sonrío y siguió escuchando.
"Algún día los conocerás, pequeña" dijo Hassan con una tierna sonrisa y guiñando un ojo "recuerda que estás en el templo de la esfera de los deseos, cualquier cosa puede ocurrir.". Bebió un sorbo de su té y prosiguió narrando la historia de cómo un Dios gigante le entregó esas míticas plantas que concedían la eterna juventud a quién las bebiera, preparadas de una manera solo conocida y escrita en ancestrales pergaminos.
La mañana pasó volando para Irene. Con una exhuberante felicidad, Irene se despidió de los tres mercaderes hasta la próxima historia. Irene y David se llevaron un Pai-Pai con bordados violeta, un aceite de masaje de turquesas y una vasija de oro de Palmira. Mientras caminaban hasta casa, David abrazó a Irene y se fundieron ambos en un beso mientras la puerta de su hogar se cerraba.
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