Tuesday, September 15, 2015

Lluvia de color

Hola mi amor, una imagen que parece más una pintura impresionista...que historia esconde?


Reykjavik, en un raramente temperado anochecer de otoño, Annie y Rydra pasean abrazados a orillas del río Ellioáa. Las hojas de los pocos árboles empezaban a teñirse de hermosas tonalidades rojizas y anaranjadas, el río otorgaba un intenso aroma y frescor al viento, y los farolillos, que empezaban a encenderse al paso de los dos enamorados a la par que caía la noche, intensificada la vida de aquel paseo. Para el frío que llevaban viviendo aquellos días, una tarde como esa era un regalo que debían aprovechar.

De repente, las casas de madera que yacían en la otra orilla también empezaron a iluminarse. Un precioso festín de colores, luz y vida empezaba a esbozarse vertiginosamente ante ellos. Annie se frotaba los ojos. ¿Estoy en una película de Disney? pensó.

Qué sonrisa más bonita dedicaron ambos Annie y Rydra al mundo. Acostumbrados a hacer locuras con una total falta de vergüenza ajena, ambos empezaron a dar vueltas, en 360 grados, con los brazos abiertos y la mirada en alto, intentando no perder ni un solo detalle de lo que estaban viviendo. ¿Cámara de fotos? ¡A la porra! ¡Prefiero mil veces llevarme para toda la vida un sentimiento intenso para nosotros!

Algunos transeúntes se detuvieron al ver a la jugona y joviosa pareja que se dejaban llevar como si una fuerza mágica manejara los hilos de sus cuerpos como si fueran marionetas. Algunos niños, al verlos, se unieron a la pareja a reír, saltar y jugar en esa piscina multicromada. - ¡Qué alegría, qué alboroto, saca la cámara, que quiero una foto! - Dijo Annie a Rydra. Rydra, con sus dotes de mago, sacó de la manga la cámara y, junto a ella, una carta: ¡la reina de tréboles!

Cuánto amor se respiraba en esa pareja. ¡Larga vida a ellos y eterno sea su amor!

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