Friday, October 28, 2016

Un puente de luz

Un puente que une dos casas, dos pueblos, dos corazones?

Se dice que en la cúspide de las montañas gemelas de Everblue viven dos increíblemente longevos duendecillos con extraños poderes mágicos: un simpático aunque a veces gruñón Timaeus y una hermosa aunque algo despistada Lofana. A pesar de sus diferencias, son buenos vecinos y se llevan de maravilla. De hecho hace ya algunos milenios decidieron unir sus dos cumbres con un puente para así poder visitar a su vecino para tomar algo de khal (una bebida a base de leche de cabra montesa mezclada con ron y especias, y se tomaba en caliente) y jugar una típica partida de cartas. En la montaña el frío era el denominador común, y los días cortos y las noches eternas, con lo que tras tres torpes tropezones de Lofana al intentar cruzar el puente y caer hacia abajo (con algo de esfuerzo extra, podían volar con lo que tampoco era un extremo peligro) decidieron instalar unos faros flotantes alrededor del puente para que pudiera verse algo al menos durante la noche.

Decididamente, la imagen del lugar era espectacular. A los animales les encataba la paz que emanaba de allí. Sabían que cuando salía humo de la casa del árbol de Timaeus es que estaba preparando crema de verduras y tarta de frutos rojos, con lo que ese día tenían banquete garantizado. Y también sabían que cuando se escuchaba música de los intrumentos de la casa de Lofana, pronto se avecinaría un nuevo concierto.

En general tenían todos una vida tranquila, sin demasiado alboroto aparte de las típicas discusiones de amigos en las que se enzarzaban Timaeus y Lofana, y terminaban en una conviertiendo en rana al otro, y el otro sellando como si de una cremallera se tratara los labios de la otra. Aunque era conocimiento popular que se tenían un aprecio espectacular y único.

Un día ocurrió algo singular. De entre las características nubes de azul zafiro que inundaban el cielo estrellado de Everblue, se elevó una enorme nube roja color rubí. Todos los lugareños salieron de sus casas y se concentraron en el lugar para ver qué estaba ocurriendo.

La nube se hacía cada vez más prominente, y cada vez más espesa. Nadie entendía que estaba ocurriendo. De repente, se avecinó un tremendo vendaval que impedía avanzar y hacía retroceder a todos, y la nube se acercaba cada vez más y más.

La nube se les echó encima. Timaeus y Lofana materializaron un escudo para tratar de proteger a los lugareños. Pero no sirvió de nada, el escudo quebró de la increíble fuerza con la que embestía el viento, llevándose volando de manera descontrolada a los habitantes del lugar, incluyendo a Timaeus y Lofana.

Oscuridad. Silencio. ¿Cuánto tiempo habrá pasado? Lofana se despertó en un lugar que no reconocía. Había árboles rodeándola por todas partes, y a lo lejos se alzaban unos enormes bloques de piedra de distintos tamaños, perfectamente tallados, como si fuera por arte de magia. Nunca había visto nada similar. De entre los bloques emanaba sonido, pero era un sonido bastante caótico, nada que ver con los sonidos y la armonía de sus instrumentos. Y el olor del viento había cambiado. Ya no se sentía el olor de la comida de Timaeus.

¿Dónde estaba? Y lo que es peor, ¿dónde estaba Timaeus? No lo veía por ninguna parte.

Unos minutos después de la confusión y el shock inicial, Lofana decidió ir a explorar el lugar para averiguar si por curiosidad allí pudiera encontrar a Timaeus. Poco se esperaba Lofana que éste iba a ser el comienzo de una gran aventura, muy diferente al remanso de paz de las montañas de Everblue. 

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