Thursday, October 27, 2016

Tesoros en tinieblas

Un pequeño aventurero buscando monedas de oro de barcos hundidos...acabara como Jonas?

Las profundidades son, sin lugar a dudas, uno de los lugares más increíbles que existen. Los humanos conocemos mucho sobre la vida terrestre, incluso tenemos muchos conocimientos sobre el espacio, y sin embargo las profundidades y fosas de los mares y océanos siguen siendo, en su mayoría, un completo desconocido.

Junior, un joven profesor de la facultad de biología marina de la Universidad de Barcelona, tenía una gran curiosidad por el mar y la vida en los océanos que le venía de família. De padre pescador y madre bióloga, memorias sobre vacaciones en lugares costeros, excursiones en embarcación pesquera e incursiones submarinas... inundaban las paredes del despacho que compartía con su mentor, el doctor Frank.

Llamaron a la puerta del despacho. Era un mensajero con un telegrama certificado. El doctor Frank cogió la carta, la abrió y la leyó detenidamente. Junior observaba al doctor mientras leía la carta en silencio. Se preguntaba si sería algo grave.

Cuando el doctor Frank terminó de leer, pausó durante unos segundos. Junio empezó a inquietarse "Doctor, ¿es grave? Se le ve preocupado".

Frank se giró, le sonrió de manera pícara y le espetó "Chico, haz las maletas. ¡Nos vamos para Australia!".

"Ok doctor, a donde usted quiera".

Durante el trayecto del avión, el doctor Frank le explicó detalladamente el motivo de su viaje. Un antiguo compañero de universidad, el doctor Van Bermek, le había hecho una propuesta única: estaban llevando a cabo la que sería una de las mayores y más ambiciosas incursiones a la Gran Barrera de Coral, con el objetivo de intentar trazar y elaborar un completo mapa del fondo del lugar y tratar de delimitar las zonas y las especies que habitan en ellas. Este proyecto tendrá el objetivo de facilitar futuras búsquedas con ayudas de aparatos de geolocalización, estudio de las corrientes marinas y, como objetivo final, tratar de confirmar si la actual aceleración del cambio climático se ve influenciado por las corrientes marinas y, de ser así, poder trazar planes de acción. Y el alcance de este proyecto requiere de la intervención de varias instituciones del mundo.

El mero hecho de pensar que participaría y trabajaría codo con codo con algunos de los más reputados científicos mantenía a Junior en constante excitación. El viaje a Australia iba a ser muy largo, pero no podía ni dormir de los nervios.

Una vez llegaron a la ciudad de Townsville y se instalaron en la habitación del hotel, salieron a reunirse con el resto de sus colegas investigadores. Allí Frank se encontró con el doctor Van Bermek, junior se quedó algo retrasado observando las infrastructuras que estaban montando para llevar a cabo la incursión: cientos de tiendas de acampada apostadas cerca de la orilla, una innumerable cantidad de aparatos electrónicos que iban desde radares y sónares a grúas, vehículos amfibios, jeeps y barcos.

Una de las grúas cargaba un pequeño submarino que le era de sobras conocido: era el Manta GA-11, un pequeño submarino de exploración cumbre de la tecnología científica, capaz de soportar incluso las presiones de la Fosa de las Marianas. Mientras estaba despistado contemplando el submarino, Frank se acercó por detrás "Qué Junior, ¿contemplando esa pequeña maravilla de la ciencia? Haces bien en irte familiarizando con él, mañana montaremos en él".

Y Frank, se alejó riendo, dejando a Junior con cara de pasmado y sin capacidad de reaccionar.

Dicho esto, al día siguiente se reunieron con el equipo de sumersión, compuesto por dos avezados submarinistas, el doctor Van Bermek y su ayudante, la profesora Gilian Irosa (muy guapa, por cierto, o eso pensó Junior), Frank y Junior. Los asistentes les proporcionaron trajes de neopreno ultraresistente, la grúa bajó el submarino a la orilla, los seis entraron en el submarino y acto seguido, se sumergieron.

100 metros. 200 metros. 300 metros. Cada vez se adentraban más y más en la oscuridad con cada metro que descendían. El paisaje que se veía desde las ventanillas era impresionante. Sierras enteras hundidas bajo el mar, y un intenso color, emanado por el reflejo de los corales cuando la luz incidía sobre ellos, decoraba el paisaje a medida que se iban acercando a zonas de tierra para poder instalar rastreadores y geolocalizadores.

Pero uno de los corales de la zona estaba llamando la atención del doctor Frank. Al enfocarlo, un destello como de reflejo salía de entre la fauna del lugar. Los dos submarinistas, bajo las instrucciones de los científicos, salieron a explorar el lugar. Bingo. Los submarinistas encontraron algo.

Los científicos no podían creer lo que tenían ante sus ojos. Era un enorme pedrusco de Zafesmubalita. La Zafesmubalita era un material extremadamente raro que nacía a partir de gemas y piedras preciosas sometidas a altas presiones durante millones de años, en circunstancias especiales. De hecho se las apoda "Perla de Dios" por su aspecto redondeado y la extrema rareza del material, y un sólo miligramo de materia contiene suficiente energía para propulsar una nave espacial de la Tierra a la Luna. Sin lugar a dudas un hallazgo increíble.

Pero de manera inesperada, un terremoto de origen desconocido empezó a tener lugar. Decidieron salir de allí, pero al girar para salir a la superfície, se toparon de frente con una chocante sorpresa... Un gigantesco pez abisal, y no parecía muy contento. Meneó la cola a gran velocidad, y procedió a perseguir al submarino a gran velocidad. No había constancia de fauna de tales proporciones del lugar. Seguramente ese animal había escondido la piedra allí, y al quitarle el juguete de su colección preferida había provocado su cólera.

Imposible. El pez nada mucho más rápido que el submarino. No importaba cuánto gritaban los científicos para darle más marcha, la nave ya iba a la máxima velocidad. En un esfuerzo por intentar esquivar a la enorme criatura, intentaron meterse en alguna de las múltiples cuevas de la zona, pero no había manera.

Junior empezaba a palidecer de la tensión. Quizás no saldrían de allí. Pero tuvo una idea y en esas le preguntó rápidamente si la Zafesmubalita podría funcionar en el motor del submarino. "Sí, pero habría que limpiarla de impurezas y refinarla" exclamó Van Bermek "y no tenemos ni material ni tiempo para ello".

"La criatura quizás esté buscando y reclamando la piedra. Metámosla en la escotilla de salida y dejémosla ir, quizás eso distraerá a la criatura y nos dará un tiempo vital para escapar".

Frank se abrazó a la piedra "¿Pero eres consciente de lo que estás diciendo? Este gran descubrimiento, uno de los minerales más importantes del mundo, algo que podría ser una auténtica revolución científica..."

"Doctor, déjese de ciencia, ¿tiene usted alguna idea mejor? Son nuestras vidas las que están en peligro, ésa sería una mayor pérdida que la de una mera piedra".

Frank cedió, otorgó la piedra con resignación a Junior y rápidamente éste la colocó en la escotilla de salida. "Abran la escotilla de salida!".

La piedra empezó a flotar en el agua en la dirección del enorme pez. El enorme pez viró hacia la piedra, detuvo su curso y viró hacia el brillante objeto. Sin perder un segundo, el submarino salió despegado hacia la superficie para regresar al campamento. Lo habían logrado. Sus corazones estaban a punto de estallar de la presión.

Una vez regresado al campamento y después de explicar la historia al resto de miembros del proyecto para planificar futuras reuniones e intentar trazar un plan de contingenia ante este contratiempo, regresaron al hotel, donde cayeron planchados en la cama. Junior se puso su música para relajarse y empezó a reflexionar sobre los eventos de hoy. A pesar que se torció, ésta fue sin duda una de las experiencias más intensas y fascinantes de su vida. Hay tanto que no sabemos... pero por favor, para la próxima vez, que los geólogos y biólogos tengan más cuidado y sea más comedidos en detectar estas especies tan peligrosas...

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