Sunday, October 30, 2016

Un remanso de paz en el universo


Tras la guerra intercolonial en la que las colonias rebeldes de la Tierra intentaron declarar su independencia, el planeta Tierra se quedó en una mera y vasta tierra yerma desprovista de vida. Los que aún se niegan a abandonar intentan sobrevivir como mejor pueden. La mayoría se ha hecho o cazarrecompensas cazando bandidos que asaltan las caravanas espaciales, o buscadores de artefactos que hayan podido quedar enterrados en los escombros de las antiguas ciudades para venderlas al mercado negro. Hay poco trabajo, y hay que apañárselas.

Aunque la mayoría de los humanos ya han abandonado la tierra en busca de nuevas oportunidades, eso no le importó mucho al viejo Rusty. Durante la guerra su bar quedó destruído, pero lejos de derrumbarse y abandonar toda esperanza, montó un local en el interior de la estructura de una nave destruída en tiempos de la guerra. Ese local se convirtió en el punto principal de reunión tanto de cazarrecompensas, como buscadores de artefactos, como incluso de bandidos. El bar estaba considerado territorio neutral, con lo cuál regía para todos un código de honor, sin importar las circunstancias.

"Ehh Rusty, pónme uno bien cargado" dijo un cliente que se encontraba sentado en una mesa del rincón junto a otros cinco hombres. Por las pintas que llevaban debían ser contrabandistas vendiendo o intercambiando información.

"¡Marchando! Rachel, whisky ron a la dieciséis!" Rachel era la hija de Rusty. Era muy conocida en el bar, puesto que si no estaba sirviendo bebidas, estaba sentada en el piano de cola tocando y cantando para gozo de los clientes. No sabría decir la cantidad de idiotas que se le habrán acercado para pedirle que se case con ellos con banales promesas de viajes intergalácticos, fortunas irreales o a saber qué otra barbaridad. Y tampoco sabría decir la cantidad de peleas que se han producido por ellas, peleas immediatamente acalladas por el resto de clientes del local que no iban a permitir que un deleite como escuchar una pieza de la señorita Rachel fuera interrumpido. Digamos pues que existía un equilibrio de fuerzas en el bar que mantenía protegida a la chica.

Los buscadores de artefactos también se solían concentrar en mesas alejados del resto de la morralla. Se supone que gente así debía tener información por la que muchos pagarían pequeñas fortunas. Sin embargo eran demasiado recelosos con sus informaciones, con los que cuando se arremolinaban lo hacían para apostar sus hallazgos en diferentes juegos de azar o jugando a póker. Aunque alguno había que, lejos de ser típicamente individualista, prefería intentar montar sociedades para encontrar objetos con mayor probabilidad de éxito al coste de repartir las ganancias.

Finalmente los cazarrecompensas eran mucho más silenciosos y discretos. Algunas de sus posibles presas podían estar en ese momento en el bar, así que no convenía llamar mucho la atención a riesgo de convertirse en un blanco fácil.

Un universo caótico, pero siempre quedarán aquellos pequeños remansos de paz en los que poder desahogarse y relajarse (o relativa paz).


No comments:

Post a Comment