Monday, October 31, 2016
La cueva de los cien reyes
El valle de Selfánida era un punto singular de la geografía Asiática. Completamente rodeado por escarpadas montañas, era prácticamente imposible llegar al interior si no eras nativo y te conocías perfectamente los entresijos del camino. La gente que vivía allí estaba completamente aislada del mundo exterior, y las únicas noticias que llegaban venían de boca de mensajeros o cazatesoros.
Cazatesoros? Si algo caracteriza el valle de Selfánida es que, al tratarse de una tierra prácticamente virgen abundaban minerales de todo tipo: mármol, plata, pirita, pizarra, esmeraldas, aguamarinas, rubíes, oro... Un auténtico tesoro que aguardaba con impaciencia ser extraído sólo por los más tenaces. Sin embargo, todos los minerales se encontraban en una enorme y ostentosa cueva habitada por el Dragón Mefianos. Mefianos era el guardián y señor del pueblo, un Dragón Perla, con las escamas de los de una perla como su nombre indica, y con una inteligencia equivalente o superior a la de los humanos más competentes. Los lugareños le rendían homenaje y cuidados diarios y, a cambio, Mefianos les ofrecía parte de sus riquezas así como protección contra intrusos indeseables.
Aquel cazatesoros extranjero que decidiera aventurarse en la cueva sólo podía obtener permiso para obtener alguna de sus riquezas de varias maneras: o en un combate contra el mismísimo Mefianos y, en caso de lograr herirlo sin morir, obtenías permiso para tomar algo; superar una de las caprichosas y extremadamente complicadas pruebas o adivinanzas que le gustaba proponer... o convertirte en su siervo de por vida..., ¿pero de qué te servirían entonces las riquezas? Cabe destacar que para afrentar cualquiera de sus desafíos debes poner inmediatamente tu vida en juego; el combate contra Mefianos era a muerte y fallar alguna de sus pruebas implicaba terminar siendo sacrificado como alimento. Así que si decidías ir a por sus tesoros, más vale que tuvieras mucha confianza en tu habilidad para salir airoso.
Y no, organizarse en grupos para intentar matarlo era imposible; los dragones perla se diferencian del resto de dragones en su regeneración. No importa cuantas veces lo hieras, su cuerpo se regenera sin esfuerzo. De hecho es como si tuvieran algún tipo de protección divina, y de hecho se les llama "mascotas de los Serafines".
A pesar de todo, Mefianos no era para nada un dragón malvado; sencillamente era cuidadoso, cauteloso y sólo quería poder beneficiar a aquél que realmente se lo mereciera o lo hubiera ganado con esfuerzo, dedicación y coraje.
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