Un besito mi amor.
Cuenta la leyenda que hace millones de años existia una isla que hacía enloquecer a todos los que desembarcaban en ella. Muchos marineros eran atraídos por la belleza de sus aguas, la exuberancia de sus bosques y por las riquezas que escondian sus tierras, dependiendo de quien contase la historia era oro, diamantes o incluso la fuente de la eterna juventud. Fuera como fuese, nadie conocía a nadie que hubiera vuelto jamás de aquella isla, se decía que enloquecía a los marineros y que les hacía perder el rumbo, condenándolos a vagar por siempre en el mar abierto.
Rydra era un joven marinero que como muchos había oído la leyenda sobre la isla de cristal, llamada así por sus aguas trasparentes, y como muchos se había sentido tentado a embarcarse en aquella arriesgada aventura. Pero siempre se había resistido, hasta que un día en una de las tabernas conoció a un lobo de mar que, mostrando una pepita de oro mas grande que su puño, afirmaba haber estado allí y haber regresado sano.
Rydra decidió entonces embarcarse y partir hacia la isla, nadie de su tripulación quiso acompañarle y tras mucho pensar, decidió ir solo.
Mientras en la taberna, los demás marineros descubrían que aquel viejo lobo de mar era tan sólo un farsante, pues la pepita de oro no era de oro y él ni siquiera era marinero. Pero Rydra ya se había hecho a la mar.
Tras dos días navegando, llegó a la isla, todo el mundo sabía donde estaba pues todos los marineros conocían la leyenda y querían evitar a toda costa aquella isla.
Rydra sin embargo desembarcó y pasó todo el día disfrutando de las riquezas de aquella isla, frutas exóticas imposibles de encontrar, playas en las que disfrutar del mar y las olas y grandes bosques que ofrecían sombra cuando el Sol era demasiado alto.
Al anochecer Rydra estaba dispuesto a volver a su barco cuando, justo antes de subir, lo vió hundirse. Sin razón aparente, el mar simplemente se tragó su barco, no había olas ni nada diferente, era como si su barco se hubiera vuelto de plomo. Entonces las oyó.
Alguna especie de criatura estaba al otro lado de la isla, cantando...Rydra conocía la leyenda de las sirenas, pero jamás había creído en ellas. Creyendo que sería algo distinto fue a investigar. Lo que vió al llegar lo dejó sin aliento, una bella criatura se alzaba en las rocas, peinando su larga melena bajo la luz de la luna, parecía una hermosa chica, aunque Rydra solo alcanzaba ver hasta la cintura, pues el resto del cuerpo estaba sumergido en el agua.
La chica paró de cantar, le miró y dijo:
- has perdido tu barco.
No era una pregunta, era una afirmación, sea como fuera aquella chica no era humana y sabía lo que le había pasado.
Rydra no tenía más opción que afirmarle lo que ya sabía.
+ sí, el mar se lo ha tragado, me puedes ayudar?
La sirena, pues ahora Rydra lo sabía, se sumergió en el agua y nadó hasta él, sentándose en un roca cercana a la orilla, mostrándo todo su cuerpo. Le miró muy fijamente y con un tono solemne dijo:
- puedo ayudarte, dependiendo de qué buscas y qué quieres de mi casa.
Rydra se quedó pensativo, realmente no había hecho ese viaje por los bienes de la isla, simplemente quería explorar aquello que nadie había visto, o almenos no había podido contar...así que contestó con sinceridad.
+ no deseo nada, pues ya tengo lo que buscaba. Solo quería visitar el lugar del que todos hablan y aprender de él.
La sirena sorprendida lo miró, alzó una mano y del mar surgió el barco de Rydra.
- ahora puedes irte, o seguirme y descubrir aquello de lo que ni siquiera se habla.
Rydra quedó contemplando la sirena, sabía que eran criaturas peligrosa, en una mano sostenía las amarras de su barco que lo llevarían a casa, la otra mano estaba tendida hacia él. Rechanzando todo lo que sabía acerca de las sirenas y dejándose llevar por la curiosidad, Rydra le tendió la mano.
Un instante después la sirena se hundió en el mar sin soltarle la mano, le dió un beso con el que le dió una alga que evitó que se ahogase en el agua. Después de un rato a nado, le solto la mano y con un barrido de su brazo dejo al descubierto un enorme castillo. Le sonrió y le tendió un espejo. Rydra había desarrollado cola como ella. Entonces ella le dijo:
-Soy Ann, bienvenido a Atlantia. Ahora esta será tu casa y podrás explorar el mar como nadie nunca imaginó.
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