Gris vs color...que se te ocurre? Te amo
La industrialización indiscriminada se ha vuelto la norma en un mundo complejo de placeres banales. A las personas sólo les preocupa vivir el ahora sin pensar ni en el mañana ni en los que vendrán. Y el egoísmo de aquellos que sólo desean amasar estos placeres es lo que está destiñendo el mundo.
Sin embargo, siempre habrá aquella pequeña chispa diferente a las demás, cuya intensidad enciende llamas de diferentes colores. Gente cuya percepción de la realidad hace que, con algo tan simple como unas temperas, o tan típico como un instrumento musical, sean capaces de gozar de la vida igual que aquellos que necesitan lujos perecederos. Y sin necesidad de castigar al planeta tierra.
Así pues, Abigail vivía en un distrito de la ciudad de Kent, era un distrito bastante oscuro, plagado de drogadictos que con una sonrisa tonta y la mirada perdida llenaban las calles del distrito. Tener que ver aquello cada vez que volvía del colegio era bastante desolador. Eso generó en ella un carácter un tanto introvertido y profundo.
Sin embargo Abigail tenía una gran dote por la pintura. Su padre, carpintero, le construyó el caballete y un par de pinceles para que pudiera entretenerse, y de ahí adquirió su habilidad. Su familia era pobre y no podía permitirse grandes lujos. Sin embargo Abigail, siempre dispuesta a echar una mano, pintaba cuadros y los exponía en la carpintería, esperando que alguien quisiera comprarlos.
Los motivos de sus cuadros eran simples y a la vez intensos: pintaba edificios y calles de su ciudad. Sin embargo alteraba completamente los colores de aquellos lugares: coloreaba las fábricas y las calles de colores y saturados variados, creando una imagen muy distinta a la de la realidad. Ella plasmaba en esos cuadros el mundo que realmente le gustaría ver, y quería que la gente supiera y se diera cuenta de qué clase de lugar estamos echando a perder.
Un buen día, una pareja se acercó a la carpintería para encargar unos muebles para un piso recién comprado. Aprovechando la visita, observaron los cuadros que colgaban de las paredes. Pudieron reconocer claramente algunos de los lugares de la ciudad en ellos, y en uno de ellos pudieron incluso ver el edificio en el que iban a vivir. Pero era tan distinto... estaba pintado de amarillo y azul tras un cielo azul inexistente. Preguntaron quién era la autora, y el carpintero les presentó a Abigail. La felicitaron y quisieron comprar el cuadro, por el que pagaron una suma interesante.
Abigail, feliz por la venta, encontró la motivación necesaria para seguir su camino como pintora. Quién sabe, quizás podría cambiar el mundo sólo con sus pinceles a algo más agradable.
No comments:
Post a Comment