Tuesday, May 3, 2016

Bajo la lluvia

Un skyline, un rio, una tarde de lluvia...y una chica que mira la ciudad bajo su paraguas. Que piensa? Quien es?


Qué tiempo más irónico estaba haciendo hoy, el día en el que se cumplía un año de la muerte de su mejor amigo Pablo. Un perfecto y precioso ocaso... acompañado de lluvia y nubes negras. Una muerte que no sólo me apenaba el alma, pues le tenía mucho aprecio... es más la inquietud producida por no saber todavía cuáles fueron las causas ni los motivos que lo llevaron a su muerte, ni quién...

Encontraron su cuerpo sin vida en su casa, un treinta y tres en la Avenida Dorada, con una pistola en la mano y un disparo en la cabeza. En la escena había desparramado un bote de pastillas para el sueño, la televisión encendida con su película favorita, Blade Runner, mucho desorden y su perro ladrando como si no hubiera mañana. La policía fue alertada por los vecinos, ya que se quejaron de los ruidos del animal, y al acudir se encontraron con la triste escena.

Ya que había sido yo la última persona que figuraba en la lista de llamadas de su teléfono móvil, me vinieron a buscar para que asistiera a la escena a responder preguntas que podían tener el inspector Romero (compañero de mi padre, policía de la científica). 

Ese día Pablo y yo habíamos estado divagando sobre lo mal que está el mundo. Si bien es cierto que ese día quedó claro que hay mucho que arreglar política y socialmente hablando (y en algún momento Pablo se derrumbó en ese momento pensando en que quizás no habría solución a este mundo, pensamiento que intenté apagar como quien apaga un fuego), no creo que eso pudiera llevar a ninguna idea extrema... y mucho menos cuando Pablo era alguien que luchaba y tenía fuerza para denunciar a aquellas personalidades (jueces, políticos, policías) que actuaban (y de manera demostrada) en contra de los intereses de la gente mundana como él o yo.

Sí, tenía muchos enemigos. Se había convertido en una persona incómoda para aquellos que los insensibles o los imbéciles de mente y alma llamarían "el que no debe ser molestado" (como referencia a la saga de Harry Potter). Había recibido numerosas amenazas de muerte y acoso personal, hasta el punto que llegaron a sacarlo de una embestida de la carretera para "silenciarlo"  y despedirlo de su trabajo de periodista en la redacción de un prestigioso periódico.

Pero yo conocía a Pablo... conocía sus ganas de tener y querer gozar de una vida en un mundo donde todo el mundo sonriera de forma genuina. Y de ahí a un suicidio... hay un trecho.

Suicidio que la policía, dada la escena del crimen, no tardó en catalogar como tal. A pesar de que rogué que se investigara más a fondo... porque nada de eso tenía sentido.

Después de mi paseo regresé a casa y me dispuse a revisar las fotografías de la escena y del cadáver. La pistola en la mano, los tranquilizantes, la televisión... definitivamente parecía como si Pablo, como un peldaño carcomido en una escalera de madera, hubiera cedido. Pero fijándome algo más en el agujero de la cabeza me dí cuenta de algo. La herida... era demasiado limpia. Normalmente cuando uno se dispara a una corta distancia, siempre quedan restos de pólvora en el lugar de la salida... y sin embargo ahí no había restos. Se lo comenté a mi padre, y en los casos que había vivido de suicidios por arma de fuego... nunca se había dado cuenta de eso, y sin embargo al explicárselo y enseñárselo se le encendió la chispa y me dió la razón.

No había sido un suicidio. Era un asesinato en toda regla. Y quién lo hizo procuró hacer todo lo que pudiera àra que así lo pareciera. ¿Cómo demonios no nos habíamos dado cuenta de ese detalle antes?

Un cierto sentimiento de ira hacia el mundo y hacia mí misma me recorrió el cuerpo. El calvario de Pablo no había terminado aún. Sólo se ha prorrogado. Aún hay mucho trabajo que hacer.

No comments:

Post a Comment