Una de las cosas por las que me gusta la mariposa como icono es que en la cultura oriental está entendida como un cambio, una evolución...esta chica, se aferra al cambio? Lo deja ir? Quien es? Quien fue? Que le ha llevado ahi?
LoveU
Annie
"Y en un mundo que no tiene fin, lo mejor es tener alas para elevarse y ver el máximo que puedas"
Ésa frase, escrita por Heimkam, fue el final del libro que leyó hace dos noches Adela. Tras la muerte de su marido en un trágico accidente naval durante la guerra, Adela se aisló y sólo encontró refugio en la biblioteca de su marido, desorientada, perdida, vacía y carcomida por dentro.
Leía libros sin parar, a veces hasta se olvidaba de comer o de poner leña en la chimenea en invierno para no helarse cuando llegaban los vientos de invierno, era la única manera que tenía de poder recordarle. Le encantaban los libros de fantasía medieval, las novelas históricas (¡santo cielo, cómo me dió la lata con el imperio bizantino en aquél entonces!), novelas de ciencia y ficción (seres humanos intentando volar como pájaros... ¡qué ocurrencia!)... De hecho el último que leyó se llamaba "Proyecto Icarus, viaje al más allá", en el que un joven incomprendido pretendía dejar boquiabiertos a los que se reían de sus ideas de volar y llegar allí donde nadie había osado aventurarse.
Llaman a la puerta. ¿Quién será? Desde que se fue su marido que nadie había llamado a casa. Adela, dubitativa, abre la puerta. Se encuentra a un hombre fornido y barbudo, vestido con un sombrero de ala ancha y un chaleco. "Disculpe mi señora, me he asentado por la zona y pasaba para conocer a mis vecinos. Deje que me presente, me llamo Devin. Un placer servirla."
"¡Oh, una cara nueva! Mi nombre es Adela. ¿Desea un té?".
No sabía ni por qué le ofreció un té. Ni tan solo por qué abrió la puerta. ¿Qué necesidad había? No era su difunto marido...
Sentados en la mesa, estuvieron charlando sobre el pueblo. Devin era herrero de profesión. Ciertamente, eso explicaría el volumen de sus brazos. Le explicó a Adela que él fue un superviviente de la guerra, y que allí aprendió la lección más importante que nada ni nadie pudo enseñarle: la vida no está hecha para librar las batallas de seres despóticos sedientos de poder y que sólo ven al pueblo como peones sacrificables; la vida está hecha para disfrutar, tener tiempo de relajarse y descansar, pasear por el mar y gozar del sonido de las olas del mar, dar vueltas como un niño en el brillante verdor de un prado florecido... y sonreír.
"¡Oh sonreír!" exclamó Devin. "Demasiadas caras largas, tristes o peor, desprovistas de toda emoción, he visto en mujeres, niños y hombres en la guerra. Si Dios nuestro señor nos creó, ¿por qué diablos querría él hacernos pasar por estas situaciones? Algo estamos haciendo mal".
Adela escuchaba con atención y sorpresa a aquél hombre de semblante rudo, pero con un corazón pleno y decidido.
Tras la interesante charla, Devin se despidió de Adela y ella se quedó quieta detrás de la puerta, pensando en todo lo que había acabado de suceder. Una especie de nueva energía empezaba a emanar de ella.
"Y en un mundo que no tiene fin, lo mejor es tener alas para elevarse y ver el máximo que puedas". Se repitió a sí misma. Quizás ha llegado el momento de elevarse, no mirar atrás y descubrir una nueva frontera.
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