Friday, February 26, 2016

El columpio

Tu y yo y el viento balanceando los columpios. Como llegamos ahi, que hacemos ahi...te amo

El susurro del viento mueve y balancea el columpio al mismo son que los susurros del corazón. Irene y David tenían una cita dos mañanas a la semana en el columpio que construyeron en una rama de un fornido árbol del bosque en el que vivían. Esa cita era para ellos como un ritual para "llenarse de energía y escucharse a sí mismos" viendo el amanecer en silencio. 

La temperatura era cálida y agradable, de esa en que la piel se deleita con permanecer destapada y libre; el aire, limpio y fresco, transportaba un aroma con el cual la respiración se tornaba en el conducto de una corriente vital cargada de sabores; las hojas de los árboles entonaban una relajante melodía con su movimiento; el cariz y el tono que tomaba el bosque con la salida del sol... era un bello y armónico espectáculo multicolor.

Un lugar perfecto para que dos amores genuinos se encuentren.

Irene jugueteaba con su columpio mientras de tanto en cuanto desviaba de reojo alguna mirada hacia David. Primero con suavidad, después con más energía para apreciar el contraste del viento en su cara. Por su lado, David adoraba la tranquilidad del paisaje, y también le encantaba balancearse para competir con Irene en altura. Amor también significa apreciar el divertirse conjuntamente con la otra persona. "Qué palabra con tantas acepciones..." pensaba David.

Y al terminar de salir el sol, se declaraba el inicio del día. "Te amo".

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