Sunday, April 24, 2016

Cazadora de momentos

Una camara y una ciudad bulliciosa, capturando instantes que pasan para hacerlos eternos.

Ohhh París... "la cité de l'amour" la llaman. Juliette se encontraba en la ciudad de las luces pasando unas cortas vacaciones con su amiga Valentine. Siempre armada con su Canon que recibió como premio a unas buenas notas (no estaba pasando por aquél entonces en su mejor momento -chicos-, y tuvo que esforzarse mucho), se lanzó a recorrer las vastas y vivas calles parisinas.

Mientras iba paseando por los bellos Campos Elíseos, pensó que limitarse a mirar sólamente edificios acaba tornándose aburrido... Ella deseaba más que nada intentar llevarse alguna característica cultural que sensorialmente le recordara el lugar, además de poder plasmarlo en su cámara. París en ese sentido era una auténtica mina.

Cerca del Senna se arremolinaban centenares de personas. Puestecillos de bisutería y productor artesanales, pintores, cantantes, músicos, mimos... ¿Qué tendría París que concentraba a tantos artistas en busca de alguna idea o fuente de inspiración? Se sentó en uno de los bancos y se limitó a observar durante un buen rato a toda esa gente. Se fijó especialmente en una saxofonista que vestía de rojo con falda negra, y un cabello rizado negro azabache. Era extraño, daba la sensación como que cada nota que exhalaba con su soplido cargara el ambiente con diferentes emociones: melancolía, esperanza, quizás un cierto sabor dulzón.

La fotografió, y una vez terminada su actuación, le dió una propina, la felicitó y le dió las gracias por cargarla de energía, siendo contestada con un agradecimiento y una sonrisa. Juliette pensó que una persona así debería tener una mente inquieta y haber tenido múltiples experiencias, así que aprovechó para pedirle que le mencionara un lugar de París del cual se querría llevar algo: "Cuando anocheza, asómate por las calles colindantes al Moulin Rouge, cerca de Sacre Coeur. Aquello es un hervidero de pintores que aprovechan la calma de la noche para crear. Supongo que debe de ser la influencia de la luna, que nos afecta" respondió la saxofonista con una amplia sonrisa.

Se nota que vive una vida que disfruta con pasión y satisface su curiosidad. Pensó Juliette.

Juliette decidió ir al lugar que le recomendó. La zona era tremendamente preciosa. La noche otorgaba un cariz azulado precioso a las paredes y arcos de los edificios, y las plantas enredaderas que sobresalían de los balcones, junto a los faros de las calles, daban un toque especial al lugar. Entre varios puestos de vendedores de rosas había escultores y pintores tratando de plasmar sus ideas o emociones en sus creaciones. Paseando por allí había muchísimas parejas curioseando las obras, algo que Juliette intentaba ignorar para no ponerse celosa. Ains...

Sacó su cámara y empezó a fotografiar a la gente y los artistas en sus tareas. La verdad es que Juliette estaba recibiendo toda aquella energía e inspiración del ambiente, lo que la animaba a tomar posturas retorcidas para sacar la mejor foto posible. Espero que nadie piense que hago yoga en plena calle... pensó para sí misma.

Mientras estaba tirada en el suelo encuadrando para su próxima fotografía, se asustó al ver una bota negra muy cerca de su objetivo de repente. Alzó la vista y vió que era la saxofonista de antes. "Sabía que te encontraría por aquí, me hiciste mucha gracia." la miró con una mirada escueta pero afable. "Me llamo Nicole. Cerca de aquí se encuentra mi santuario. Te invito a pasar y así de paso te cuento un par de historias entretenidas de por aquí. Con tanta vida es imposible aburrirse".

Juliette estaba entusiasmada. Gracias a mi cámara, he podido capturar el mejor de los recuerdos: el producido por una amistad recién hecha.

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